Altagracia – Río Munguidó

Altagracia es una comunidad negra ubicada en el río Munguidó, municipio de Quibdó. Allí nació y se crio Luz Adonis Mena Becerra. Reconoce que tiene dos madres, una biológica y otra de crianza. Su madre murió cuando tenía tres meses de nacida y fue su tía Eulogia Becerra quien asumió la crianza. Su padre, no sabe quién es, nunca lo conoció. Solo sabe que es de los lados de Apartadó pues fue de allá de donde regresó su madre embarazada.

Adonis recuerda su vida en el Munguidó como una vida feliz “Una vida maravillosa porque uno en el campo disfruta hasta lo mínimo que la gente tiene, en el campo vivíamos en una comunidad donde no había nada de guerra, sino que todo era pacíficamente en mi comunidad, donde jugaba ronda en las noches, me bañaba en mi río, chupaba mi caña, me trepaba los árboles a coger marañones, era una vida totalmente diferente que la que tenemos ahora”. Cursó sus estudios de primaria en la Escuela Rural Mixta de Altagracia, cuando terminó ese primer ciclo se dio cuenta que a pesar de ser una comunidad rural muy cercana a la capital del departamento, las oportunidades para seguir estudiando se agotaban en su territorio y solo quedaba la alternativa de irse a Quibdó a estudiar el bachillerato:
“Quería seguir estudiando y mi mamá me mandó a estudiar aquí a Quibdó. Me tocó muy duro sí, porque para estudiar tuve que trabajar en casas de familia, donde la gente se comprometía y le decía a uno que le iba a dar estudio y le daban de todo, pues todo lo que uno necesitaba, y cuando uno llegaba aquí a Quibdó ya la cosa era diferente. La gente se aprovechaba de uno, simplemente le daban el estudio y la comida, ya de comprarle ropa, no, nada, esa gente no respondía, es decir, lo explotaban a uno. Me tocaba trabajar, madrugar, despachar los hijos de la señora antes de irme para el colegio, tenía que dejarles el almuerzo hecho, cuando ellos llegaban tenían su almuerzo, y en las tardes que salía del colegio tenía que ponerme a lavar los platos que dejaban sucios, otra vez hacerles la cena, y antes de acostarme tenía que dejar la cocina limpia para el otro día madrugar otra vez a hacerles la comida“.


Después de terminar su bachillerato fue acercándose cada vez más a las acciones lideradas por la organización, comenzó a participar de las asambleas, encuentros zonales y finalmente selló su pertenencia y su interés cuando se vinculó a la “escuela de género” una escuela de dos años que marcó su formación como lideresa.

Adonis resume esta práctica, que aún sigue vigente, como una explotación disfrazada de colaboración. Una práctica que ha afectado principalmente a las mujeres rurales de su departamento “Toda mujer del campo que viene acá a Quibdó, que quiere salir adelante, tiene que someterse a ese trabajo tan duro, al trabajo doméstico para otros y sin remuneración”. Al proceso organizativo llegó gracias a la trayectoria que construyó al interior de su propia comunidad. En Altagracia se vinculó a trabajos colectivos especialmente en el tema de la infancia. Lideraba con sus compañeras celebraciones como el día de los niños, la navidad y también se articulaban para celebrar el día de las madres. Estas celebraciones y festividades fueron evidenciando sus capacidades para convocar y expresar sus ideas en público a través de poemas, versos y cantos. Fue así que se fue conociendo con los misioneros claretianos y con el proceso organizativo de la COCOMACIA.
Después de terminar su bachillerato fue acercándose cada vez más a las acciones lideradas por la organización, comenzó a participar de las asambleas, encuentros zonales y finalmente selló su pertenencia y su interés cuando se vinculó a la Escuela de Género, donde estudió dos años que marcaron su formación como lideresa y le abrieron las puertas para trabajar y conocer su territorio más allá de las fronteras del río Munguidó.

Adonis recuerda la experiencia de formación en la Escuela de Género como un “abrir los ojos”. Desde su trabajo comunitario sentía que tenía elementos en temas como la Ley 70, los derechos territoriales, la convivencia pacífica, temáticas que también abordó la Escuela. Sin embargo, cuenta que cuando le hablaron de “equidad de género” su respuesta espontánea fue “¿Eso qué es? ¿Eso cómo se come?”. Las enseñanzas de formadoras como Cristina Pino marcaron su historia. Desde ese momento entendió que era necesario valorarse como mujer, reconocer los espacios de los cuales habían sido sistemáticamente excluidas e identificar las brechas que la sociedad le ha puesto a las mujeres para estar y participar en los espacios donde se toman las decisiones. La Escuela invirtió los roles como un experimento social que permitió reconocer tanto a hombres como mujeres la importancia del trabajo del cuidado y la necesidad de compartir esas labores cotidianas que han sido asignadas tradicionalmente a las mujeres.

Adonis reconoce que ese proceso no solo le sirvió para ser una mejor lideresa y apoyar las luchas por los derechos de las mujeres. Fue una formación que la transformó a ella misma como mujer. Aplica los principios de la equidad en su casa, con su esposo y su familia. Le enseña a los hombres y mujeres cercanos que los “oficios de la casa tienen que ser compartidos”. Cuando todos trabajan, al llegar a casa es más fácil si las labores se distribuyen y no se recargan solo en la mujer. Hoy reconoce que su marido es un gran cocinero y es un hombre consciente de esa necesidad de compartir las tareas del hogar, ha sido un gran aliado de la Comisión de Género y las acompaña a las comunidades cuando se hacen talleres para sensibilizar también a los hombres en estos temas.

Sin embargo, lamenta que no todos los hombres están dispuestos a transformar sus roles y reconocer a las mujeres desde la igualdad. Al interior de la organización han existido representantes que han apoyado fuertemente la Comisión de Género, pero también hay otros que consideran que las mujeres son “Para parir y cuidar la casa”. Transformar esa perspectiva ha sido una dura tarea al interior de la misma organización, pero que también ha dado importantes frutos como lograr que la junta directiva tuviera una representación de mujeres con un mínimo del 30% del total de sus miembros. O el logro de tener una representante legal mujer. Adonis recuerda que la reflexión que las motivó a lanzar una mujer a la representación legal fue reconocer que “COCOMACIA tiene 33 años y nunca ha estado una mujer en la representación legal”. Lo lograron y los resultados fueron tan positivos que Rosmira Salas fue reelegida por un periodo más. Una mujer Aciática es aquella que pertenece a la COCOMACIA, la denominación viene de cuando el nombre era sencillamente ACIA. Como lo dice Adonis, las mujeres Aciáticas están comprometidas con la defensa del territorio, con la memoria de todo el proceso organizativo y en particular con el trabajo de empoderar a las mujeres.